Retorno a Galicia

Como texto inaugural do ano, queríamos que figurara unha historia alegre, unha historia de reencontro, con final feliz. Así é a historia de Mary Barreiro, galega que, como tantos outros, viuse obrigada a emigrar a Arxentina cos seus pais, onde estes e as súas lembranzas axudáronlle a cultivar o amor a Galicia. Un bo día cruzouse con Fillos de Galicia e co Atopadoiro, onde conseguíu localizar ós seus familiares nesta parte do océano. Mary estivo fae ben pouco por Galicia, visitando os seus recordos, mediante a ponte establecida por Fillos.org. Pedímoslle que nos contara a súa experiencia e sentouse diante do papel. Aquí podedes ler a alegría dunha persoa que conseguíu retornar a Galicia gracias a Fillos de Galicia.


Nací en Bormoio, Parroquia de Agolada ( A Coruña). Mi padre ejercía como médico allí.Yo no tenía recuerdos de Bormoio… Era muy pequeñita cuando dejamos Galicia… Pero sí, recordaba con bastante claridad, las playas de A Coruña, donde solían llevarme os meus paiciños: Riazor, Santa Cristina, mar y sol, cielos azules…morriña…

Crecí escuchando a mi madre, quien siempre tenía maravillosos relatos sobre la Patria lejana. A través de sus palabras, Galicia, se mantuvo viva y vigente, dentro de nuestros corazones.

Miña nai era una galega de lei. Había nacido cerca de Verín (en Laza, donde mi abuelo estuvo destinado un tiempo), y luego, retornó al Verín natal de su familia materna. Su padre, era andaluz, de Jaén; pero, se casó con mi abuela y se quedó en Galicia de por vida.

Miña nai siempre suspiró por su Patria y su familia. Jamás se adaptó del todo a vivir lejos de ella, aunque hizo su mayor esfuerzo por nosotros. Pero siempre recuerdo, a pesar de sus canciones cotidianas, alguna lágrima indiscreta, descendiendo por sus mejillas de nácar.

Yo siento que heredé su morriña incurable, su nostalgia, sus anhelos, el sonido de una gaita, cala muy hondo en mi pecho, me llena de magia y provoca mi llanto. Todo lo que tiene que ver con Galicia me conmueve hasta lo más íntimo de mi alma: imágenes, sonidos, sabores…

Además, ella fue la única de su familia que emigró. Dejó atrás a sus padres y hermanos y nunca pudo volver a verlos.

Yo sentía que tenía que volver, que le debía eso, volver, por ella y también por mí, era el anhelo ferviente de mi vida…

Los padres de mi padre, eran de cerca de Santiago de Compostela. Seguramente, por motivos económicos, tuvieron que emigrar, en busca de horizontes más propicios…
Les fue bien, y ahorraron lo suficiente como para vivir holgadamente, darles una Carrera a sus hijos y repartirse entre Santiago de Compostela (donde tenían una hermosa casa) y Buenos Aires. Sus hijos eran españoles y argentinos.

Mi padre y mi madre, se habían conocido en Galicia. Él se había establecido como médico en Santiago de Compostela y conoció a mi madre en una fiesta. Se casaron en poco tiempo y se establecieron en Bormoio. Allí, nací yo.

La familia de mi padre, se había radicado definitivamente en Buenos Aires.
Mis abuelos paternos, insistían, para que mis padres se trasladaran allí. Mi madre, nunca habló demasiado sobre esta decisión. Con el tiempo, comprendí que aún la desgarraba el haberla tomado.

Vinieron a Argentina, conmigo pequeñita y con mi hermana, aún en el vientre
de mi madre.

Al faltar mis padres, se intensificaron mis ansias por retornar a Galicia, aunque fuera sólo una vez en la vida. Moría de morriña…

Uno de mis primos, Andrés Manuel, me acercó a Fillos.Y me puso frente a la dorada puerta del retorno y el reencuentro.

Sólo decir que gracias a Fillos ( a través de O Atopadoiro), pude reencontrarme con la familia de mi madre. Que fue maravilloso y que nunca olvidaré lo que Fillos logró para mí y lo que significó y significa, para mi vida.

Aún me estremezco, cuando leí los mensajes que me anunciaban que la búsqueda había ¡por fin! dado sus frutos. Me sentí llena de vida, de fuerza, de empuje.

Allí, “conocí” a Aniña, mi querida Aniña, quien siempre me alentó en mis esperanzas y me infundió las fuerzas, para luchar por el retorno… ¡Cuánto me ayudaste con tu cariño, mi querida Aniña!…

Y, este año, tuve la inmensa felicidad de poder retornar a mi Patria.

Casi no podía creer que tuviera esa suerte, me parecía un sueño, y temía despertar.
Conocer mi Patria, abrazar a los míos, visitar los lugares más caros a mi corazón. ¡Dios mío! ¡Qué dicha tan grande!

Llegué a Galicia, llorando de emoción incontenible. Y confieso que lloré mucho durante mi estadía allí. Pero, era un llanto distinto. De gratitud, de realización, de ansias cristalizadas… ¡Estaba en mi Patria!

Pude, al fin, estrechar a mis tíos y primos, en un apretado abrazo, que anuló el tiempo y la distancia transcurridos.

Recorrí Galicia, como en un encantamiento…La amé y la amo más aún, desde que besé su suelo bendito.

Estuve, además, puntualmente, en los lugares que mi corazón reclamaba, porque eran parte de mi historia. Escuché relatos familiares y completé, casi del todo, el rompecabezas inconcluso por la partida.

En Santiago, fueron a recibirme Manuel y mi querida AnaFillos, en su mejor expresión.
Con ellos, recorrí Santiago, fui a A Coruña y pasé momentos que mi corazón atesorará por siempre. Nunca podré agradecerles suficientemente, todo lo que hicieron por mí.

Jamás olvidaré la emoción de ambos, frente a las cosas milagrosas que me sucedieron. Como tampoco la contención, en los momentos en que me quebré, de tanto sentimiento. ¡Gracias, por las lágrimas compartidas!, por el cariño, por la compañía, por la generosidad, por el tiempo ¡Gracias, hermanos de Fillos! ¡Que Dios os bendiga!

Sólo me resta decir que encontré una Galicia pujante, bella, progresista, de
la que me enorgullezco.

ESTOY ORGULLOSA DE SER GALEGA.

Que me fui llorando por dejarla y que espero que Dios me brinde otra oportunidad, para volver a visitarla, porque ya, muero de morriña.

Ahora, comienzo a prepararme para regresar a ella.

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