En memoria de las republicanas en México

(In Memoriam Ramona Rubianes Gómez) Artículo de Rogelio Diz Rubianes, analista político e hijo de represaliados españoles en México.

El jueves 20 de septiembre a la edad de 86 años, dejó de existir otra más de las últimas republicanas llegadas de aquella generación que fueron represaliadas en México, mi madre Ramona Rubianes Gómez.

Nació en el mismo mes de septiembre que la vio morir, pero en 1921, en Vilagarcía de Arousa, pequeña villa enclavada en las Rías Baixas y pasó su niñez y juventud en el pueblo de Vilaxoán, de donde su padre era marinero y su madre entregada a las labores del hogar.

Mi madre perteneció a esas generaciones que la suerte les fue esquiva, la Guerra Civil la sorprendió con tan solo quince años, por lo que tuvo que abandonar la escuela y ponerse a trabajar, junto con sus hermanos, después que su padre fue encarcelado por pertenecer a un sindicato en la prisión Modelo de Barcelona.

Durante toda la guerra y unos años más, trabajó en la industria conservera de Pita en Vilaxoán, hasta que se unió en matrimonio a los 23 años con mi padre, Rogelio Diz Fuentes, el cual recientemente había salido de prisión en libertad vigilada, después de haber estado recluido en la cárcel de Cambados por un par de meses, la isla de San Simón cerca de un año y trasladado posteriormente a la cárcel de máxima seguridad en el Fuerte Alfonso XII, mejor conocido como el Fuerte de San Cristóbal cerca de la ciudad de Pamplona, por rebelión militar contra el Movimiento Nacional, de la cual junto con 794 hombres más protagonizaron la mayor fuga de España y una de las mayores del mundo.

De esa unión nació mi hermano Rogelio Diz Rubianes, el cual murió cinco años después, a falta de una buena alimentación y una escasa asistencia sanitaria, en ese mismo año fatídico para mi familia, murieron también los dos hermanos de mi madre y su abuela, con cuatro muertos separados por tan solo unos meses hizo caer a toda la familia en una profunda depresión, por lo que mi padre habiendo conseguido un empleo de cantero en la empresa Agroman, fue destinado a la construcción de diferentes edificios en la ciudad de Badajoz, a donde junto a mi madre vivieron por espacio de dos años.

Encontraron un nuevo ambiente y gente diferente y alegre, a pesar de las carencias, gente maravillosa que les abrieron una nueva forma de sentir la vida. Y fue ahí, que en medio de esa bienaventuranza nací yo, al que pusieron el mismo nombre de mi hermano, Rogelio Diz Rubianes, por considerarme la reencarnación del mismo y lo que daría nuevas ansias de vivir en esa convulsionada época de la historia de España.

El trabajo llego a su culminación y mis padres regresaron a Galicia, donde en un terreno que mi abuelo diera a mi padre, edificaron con ayuda de todos los amigos una modesta casita en el Rial, y mi madre volvió a su trabajo en la fábrica de conservas.

Mi padre acudió al llamado de Don Federico Macao Vilar, ingeniero con el cual había trabajado en Badajoz y que en ese momento le pidió que se trasladara a las Palmas de Gran Canaria, después de unos meses trabajando pero conociendo los antecedentes de mi padre lo ayudó a embarcarse en el buque Villanueva, como marinero en cuya ruta se encontraba el puerto de Progreso en México, en donde mi tío Antonio se encontraba y lo ayudaría a quedarse en este país.

Mi madre continúa trabajando en la industria conservera, y soportando la presión policial que buscaba a mi padre, mi madre declaraba siempre ante las autoridades que mi padre nos había abandonado y que no sabia absolutamente nada de él.

Después de un par de años, mi madre y yo con apenas tres años, abandonamos España en un buque mercante camino a Veracruz, México donde nos reencontramos con mi padre y nos trasladamos a la capital del país.

Durante varios años, ambos trabajaron en este país y lograron una considerable fortuna por lo que creyeron necesario en 1960 regresar a España para que yo no perdiera mis raíces, y estudiara el bachillerato, así mi madre y yo regresamos después de enviar dinero para arreglar nuestra casa y poner en ella ciertas comodidades a las que ya estábamos acostumbrados.

Mi madre invirtió parte de lo que tenían comprando un barco y un vivero flotante de mejillón, a la espera de mi padre, quien se había quedado en México para invertir todo su capital en una fábrica de zapatos a cargo de don José Maria Fernández, persona de su total confianza.

Toda esa visión idílica se vino abajo, cuando al año de estar viviendo en Galicia, mi padre recibe la noticia por un amigo en México, que la Fábrica había quebrado y que era necesaria la presencia de inmediato de mi padre para intentar recuperar algo. Mi padre apura los trámites para salir hacia México y le es denegado el pasaporte para hacerlo puesto que había contra él un Consejo de Guerra en Cartagena por haber desertado de un barco de la marina mercante española en el puerto de Progreso, México.

Gracias a la intermediación del General Gómez de Barreda, mi padre logra salir indemne de esta situación, sin embargo ha pasado más de un año y cuando por fin sale hacia México, no logra recuperar absolutamente nada. Debido a esa situación de crisis en mi familia provocada por el Consejo de Guerra, y a los gastos que generaron tuvieron que vender prácticamente todo, quedándonos prácticamente sin nada, mi madre capoteo como pudo esa situación para que yo pudiera terminar el bachillerato y regresar ambos de nuevo a México en 1969, instalándonos en la ciudad de Puebla, hasta la muerte de ambos.

A pesar de todo, gracias a mi madre, aprendí el amor por nuestra tierra, por nuestra gente. Donde vi siempre un plato de comida en nuestra mesa para cualquiera que se presentara en casa, una ayuda o un consejo a todo el paisano que lo necesitara, me hacía ver la importancia de la solidaridad entre los que nos encontramos a miles de kilómetros de nuestra tierra, para proteger nuestras costumbres y señas identitarias. Me hizo entender que el verdadero éxito, no es el económico que puede convertirte en un pobre rico, es el trasmitir a tus descendientes el amor y la convivencia armónica, si lo logras, me decía, no importan todos los altibajos que la vida te da, los superaras sin temor alguno, y veras reflejado ese amor en los que te rodean, después de eso ya puedo morir tranquila.

Y así sucedió, murió rodeada de nuestro amor, el de su nieta y sus bisnietos y los amigos de siempre, en recompensa, no tuvo agonía, simplemente dejó de existir.
Sus cenizas descansan junto a las de mi padre, y en un par de meses cumpliré la ultima voluntad de ambos, dividiré sus cenizas y dejare la mitad de ambos aquí, con los suyos, el resto las uniré en una sola urna e iremos al puerto de Veracruz para devolverlas al mar, donde podrán juntos volver a hacer el recorrido hacia su tan añorada tierra.

Rogelio Diz-Analista político e hijo de represaliados españoles en México
rdiz51@yahoo.com.mx

One Response to “En memoria de las republicanas en México”

  1. margarida.santos di:

    Fiquei muito comovida com o relato/homenagem de Rogelio Diz. Envio, por este meio, sentidas condolências.

    Como mulher empenhada em NÃO PERDOAR! NÃO ESQUECER!, solidarizo-me com toda a Família da grande REPULICANA, MULHER e LUTADORA , sua Mãe, Ramona Rubianes Gómez, unindo-me, sincera, a esta merecida Homenagem.

    Muito me honra, também, saber do seu Pai, Rogelio Diz Fuentes.

    Do coração, envio este poema de Celso Emilio Ferreiro

    TESTIMUÑA

    Presento a testimuña das feridas
    —mocidá derrubada,
    tronzada frol de arelas—
    e doume aos berros fondos dos camiños.
    Ollade como estamos mutilados
    ergueitos os muñós apodrecidos
    na noite interminável.
    Vede que longas sombras dondas
    pasan correndo, fuxindo cara a morte,
    pola sede calada de aquil día
    —Día da Dor sin Nome—
    que ha de escribirse aínda nas estrelas.
    Presento a testimuña dos aldraxes
    e doume ao medo dos primeiros homes
    que acenderon lumieiras nos curutos
    e creeron na libertá dos soños.

    GALIZA VIVE EM NÓS!